Song of Myself

"I celebrate myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.

I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease... observing a spear of
summer grass"
Walt Whitman

lunes, 31 de mayo de 2010

Oooohhhhooooohhhhoooohhh

Pasó del frío del vagón al sol abrasador del exterior. Justo cuando salía de la estación y su cejo se fruncía intentando vencer la claridad, su iPod le regalaba una de esas canciones que te hacen empezar el día (o la noche) con energía. De esas canciones que te imaginas bailando en un gran escenario, con bailarines bajo el calor de los focos deslumbrantes y a tus pies un griterío que te idolatra. Era una de esas canciones que, de alguna manera inexplicable (misterios de la anatomía humana), hacen que tu cuerpo sea capaz de moverse de manera coordinada y fluida mientras caminas (y encima con prisa porque llegas tarde) y bailas a la vez.

Sin embargo, ella no. No porque no fuera capaz ni porque no tuviera sentido del ritmo o de la coordinación. Sino porque aún sentía vergüenza. Acostumbrada como estaba a la mentalidad de provincias, sabía que haría el ridículo. Por eso, sus labios reprimían el "ooohhhooohhhoooooh" que la deleitaba.

Hasta que se cruzó con ella. La vio, tan pequeña, tan menuda y tan delgada que parecía que en cualquier momento se iba a romper. Pero no. Caminaba sin dudar, con confianza y, por supuesto, sin romperse. Iba con sus auriculares blancos, casi más grandes que su cabeza, cabeza que no dejaba de mover al ritmo de su cuerpo. Sí, era era capaz de coordinar su cuerpo al andar y bailar y además iba cantando por el centro de la ciudad abarrotada a voz en grito.

No pudo evitar una carcajada y esta vez, además, no la intentó contener ni se se tapó la boca. Sintió tal identificación que, ahora, liberada, sí que se decidió: dejó a un lado la vergüenza y comenzó a bailar mientras caminaba (y acordaos de la doble dificultad de que, además, iba con prisa, como siempre). Y estaba disfrutando tantísimo la canción, que tanta emoción contenida la desbordó. No pudo más y cantó, a voz en grito: "I'm a free bitch, baby!!!"

lunes, 24 de mayo de 2010

Aquí, allí (y allá)

Aquí sentía el anonimato, se sentía independiente. Le gustaba levantar la cabeza y estirar el cuello para mirar aquellos edificios que tanto le fascinaban. Le encantaba el tumulto, la velocidad con la que vivía. El ajetreo, el frenesí. La falta de explicaciones. Aquí era libre.

Allí sentía la familiaridad del calor de los suyos. Le gustaba esa sensación de seguridad, de saber que fuera donde fuera saludaría a alguien conocido. La comodidad de llegar a todas a partes. La certidumbre de saber.

Allí se sentía observada y, en ocasiones, incluso se sentía demasiado grande. Mientras que aquí, a veces, le apesadumbraba el "desapego" y se veía inmensamente pequeña.

Cuando estaba aquí, no tardaba en añorar allí. Cuando estaba allí, no tardaba en querer volverse a aquí.

Y tanto aquí como allí, no dejaba de soñar en allá. Pensaba, investigaba, planificaba e, incluso, maquinaba una aventura. Se moría de ganar de ir. ¿Será que allá estaba realmente su sitio?


viernes, 21 de mayo de 2010

¡ay!

Volvió a sentir de nuevo ese dolor. Ahí, justo en el centro del estómago. Era como un pinchazo. No, más bien era.... como si una mano la agarrara por dentro y apretujara con tanta fuerza que se clavaba las uñas en la palma hasta que doliera. Era como si retorciera su vientre con ira...


- ¿Aquí?

- No...

- ¿Y aquí?

- Eh... nop

- ¿Seguro que no le duele aquí?

- No, como le digo, sólo aquí.

- Mmm, qué extraño.

- ¿Extraño el qué, doctor?

- Pues que es muy raro que le duela ahí, donde no tiene nada.

- Entonces si no tengo nada... ¿por qué me duele tanto, doctor?

- Porque en realidad... A usted lo que le duele es el corazón.

martes, 4 de mayo de 2010

2 palabras

Y sólo quería decirte que he conseguido lo que quería. Y, paradojas de la vida, también lo que tú querías. ¿Ves como sí se puede tener todo? Sólo es cuestión de tiempo. Yo me armé de paciencia. Esperé y luché. Tú, no.

Y así nos fue...




domingo, 2 de mayo de 2010

Inspiración

sssshgrrrr. Ruido de sábanas. Abre los ojos de repente. ¡Idea! Se reincorpora. Le ha venido la inspiración. ¿Debería tomar nota? No, mañana lo desarrolla y lo sube al Blog... Se vuelve a dormir.

Y tan rápido como vino, se fue. Ah, la inspiración...


martes, 6 de abril de 2010

...

Pros y contras.

Sí o no.

In/decisiones....

martes, 9 de marzo de 2010

Papel y tiza

La última vez que escribió un texto fue…. Fue….

Ni se acordaba…

Sí. Espera… Creo que fue el de las bailarinas blancas. En el que se daba cuenta de que se sonreía sola por la calle. ¿Estaba loca? No, el sol justificaba la felicidad.

Había vuelto el sol a la ciudad del viento, pero seguía haciendo tanto frío que le era imposible llevar las bailarinas. Tenía que esconder los pies y abrigarlos con calcetines de colores. De los gordos de lana. Y ni con esas… Seguía teniendo los pies fríos…

Así que sí. Hacía sol y, en definitiva, era un buen día. Como el día que escribió el texto de las bailarinas. ¿Por qué lo había dejado? Si en realidad le encantaba escribir… ¿Era pereza? ¿Dejadez? ¿Estrés? Sí, por un lado era todo eso. Pero no. Se engañaba a sí misma.

Lo había abandonado porque sentía pavor. Pavor de ver el vacío del papel. Pavor de volcar en él todos sus sentimientos. Porque, y he ahí la clave de esta historia, no sabía escribir más que de sí misma.

Pero no la prejuzguéis. No es una chica egocéntrica. Todo lo contrario. Incluso, debiera serlo, o al menos debería aprender a quererse más. No hacía mucho que una buena amiga, de esas que te quieren tanto que te hacen llorar, se lo había recomendado.

Y aunque ella sabía de sobra que su amiga, como casi siempre, tenía razón, no podía evitar continuar no queriéndose. No era tan fácil…

Sin embargo, esa mañana, mientras el sol le daba en la cara y el aleatorio del iTunes le regalaba Sweet Child O’Mine se decidió. Se enfrentaría a ese miedo. Al fin y al cabo ¿no era mejor recoger todos esos sentimientos en papel y que quedara constancia de ellos, en lugar de escribirlos con tiza y que los borrara el tiempo?

Una vez más, se celebraba a sí misma. Y esta vez de verdad.