Song of Myself

I celebrate myself, And what I assume you shall assume, For every atom belonging to me as good belongs to you. I loafe and invite my soul, I lean and loafe at my ease... observing a spear of summer grass (...) Stop this day and night with me and you shall possess the origin of all poems, You shall possess the good the earth and the sun... there are millions of suns left, You shall no longer take things at second or third hand... nor look through the eyes of the dead... nor feed on spectres in books, You shall not look through my eyes either, nor take things from me, You shall listen to all sides and filter them from your self

jueves 28 de mayo de 2009

De nuevo...






(re) tomo el camino...

domingo 4 de noviembre de 2007

Settling in Dublin (I)

Hoy me he levantado, no dando un salto mortal, sino con ganas de matar (más adelante os explicaré por qué, todo a su debido tiempo). Es más, no me he levantado con ganas de matar así como así, no. Me he levantado con ganas de matar de manera lenta y dolorosa. El caso es que en un vano intento de aplacar mi ira y mis sádicas intenciones, decidí actualizar mi olvidado blog, ya que una vez pasadas casi siete semanas desde mi aterrizaje en Eire, ya es hora de un breve memorando de mis vivencias en el país de James Joyce, la Guinness y el Jameson.

Vayamos por partes:

1. La llegada

Como ya tenía constancia de que los irlandeses conducen por el otro lado[1], este incomprensible hecho no fue lo primero que llamó mi atención a mi llegada a este país. Más bien quedé (debería decir quedamos, pues Olaya comparte mi opinión) sin habla al ver que a la salida del aeropuerto, había una inmensa y civilizada cola de personas esperando pacientemente por su turno para coger un taxi. No necesito recordar a mi pequeño (aunque selecto) grupo de lectores que en España, esto es inconcebible y JAMÁS hubiera ocurrido (ni ocurrirá), sino que, siguiendo la ley de la selva, nos hubiéramos encontrado una jauría de lobos hambrientos ansiosos por cazar su presa.

Total, que ahí estábamos Olaya y yo con nuestros dos portátiles y nuestras cuatro maletas (una de 29 kg., otra de 23 y las otras dos calculamos que de unos 10-15 kg. cada una) esperando nuestro turno. Como en este país hay más taxis[2] que vehículos privados, la espera fue corta y enseguida estábamos liberadas de nuestro equipaje (que el taxista agradablemente había cargado en el maletero). Haciendo gala de un inglés perfecto dijimos “To Dublin International Hostel, please”. Peeeeeeero, ¡ay amigos! Cuando tú creías que todo iba bien, el taxista te hace una pregunta y tú con tu oído entrenado para discernir única y exclusivamente el maravilloso acento R.P., no entiendes nada. Así que, educadamente dices “Excuse me?”. La primera vez, no pasa nada, pero cuando repites (e incluso tripites) “excuse me”, “sorry” o “pardon” demasiadas veces instas al taxista a inferir: “Bien, un par de españolas estúpidas que no hablan inglés, vamos a dar un buen rodeo y cobrarles más”. Y la situación empeora aún más si el taxista se encuentra a un colega y se ponen los dos a hablar a través de su moderno pinganillo:

Taxista 1: “Hey man, the’re Spanish.”

Taxista Gordo: “Oh! Spanish! Buenous dias!”

Nosotras: “Jaja”

Taxista Gordo: “Puta!”

Nosotras: K

El caso es que, afortunadamente para nosotras, llegamos sanas y salvas a nuestro albergue en el centro de Dublín por el módico precio de 15 € (nótese que en este país los taxistas te cobran un euro extra por cada persona de más que lleves: es decir, si la carrera son 10 € y son 4 las personas que viajan te sumará tres exquisitos euros que de habértelos ahorrado te hubieran servido para pagar una double cheeseburguer y unas deliciosas twisty fries con el eurosaver de Mcdonalds).

Una vez instaladas en nuestro humilde (y temporal) alojamiento (gracias a la impagable ayuda de Belén y Alba), salimos a estrenar la noche irlandesa (yo a esto lo llamo llegar y besar el santo…). Elegimos (más bien eligieron por nosotras) como primer destino nocturno el llamado BarCode. Un sitio bastante molón al que, como casi todo en Dublín, hay que ir en taxi, pero compensa porque (muy muy muy importante) NO HAY QUE PAGAR ENTRADA. El caso es que mientras estábamos en la puerta esperando por Shane (un amigo de Belén), no parábamos de ver pasar a tías irlandesas muysuperhipermegarequetetuneadísimas (no se me ocurren más formas de expresar el superlativo) con su vestido nocheviejero, sus zapatos de tacón de 10 centímetros (o más xD), su pelo planchadísimo (en los baños puedes encontrar una plancha del pelo que puedes usar por el módico precio de 2 €), su bolso mini donde no entra ni un tampón y sin abrigo alguno, dejando lucir, pues, su piel color zanahoria podre (y encima a reparchones) fruto de varios masajes con autobronceador marca TESCO. Mientras, nosotras (no precisamente ataviadas con nuestras mejores galas) estábamos intentando asumir que no nos dejarían pasar y nos darían la vuelta por chungas. Pero no amigos, el caso es que descubrimos un sitio molón donde nos cunde la música y donde las pintas cuestan menos de 4 € hasta las 11 de la noche y, encima, repito (muy muy muy importante) NO PAGAS ENTRADA.

Lamentablemente para nosotras a las dos y media se acabó la fiesta (típico de este país, y de cualquier otro que no sea España), así que todos pa casa. Al salir del bar nos volvimos a asombrar al ver que había una larga fila de taxis esperando ser ocupados (insisto: en España, y más concretamente en Avilés, tendrías que pegarte con diez personas para coger el único taxi que habría disponible).

Pues, esto es todo amigos. Sí, he tardado dos meses en contaros la llegada a Dublín, así que me temo que para la segunda entrega (Settling in Shanowen) os tocará esperar lo suyo.



[1] Inciso: nunca sé decir si conducen por la izquierda o por la derecha, ya que aunque van por el lado izquierdo de la carretera, el conductor se sitúa en la parte derecha del coche, así que, en un alarde de etnocentrismo cultural, dejémoslo en que conducen “por el otro lado”.

[2] Nota para futuros visitantes: En este país los taxis y los autobuses se paran extendiendo el brazo de manera perpendicular a tu cuerpo, si no, os garantizo que no paran.

lunes 30 de julio de 2007

De ciclos y ciclones

Como buena futbolera que soy, siempre he oído hablar de ciclos. "Se acaba un ciclo", decían los periódicos deportivos cuando, por ejemplo, Florentino Pérez anunció su inesperada dimisión.
Siempre me había parecido que era una chorrada, otra de las muchas frases muletilla que tanto se utilizan en la prensa y que al final acaban por calar entre los lectores. Sin embargo, no contaba yo con que llegado este momento lo diría, pero sí amigos, "se acaba un ciclo en mi vida", tanto literal como metafóricamente.

Sí, se acaba un ciclo porque casi sin que nos haya dado tiempo a pararnos a pensar en ello, el primer ciclo de la carrera se acaba. Tres años de duro trabajo, aunque eso sí acompañados de sonrisas (las más) y lágrimas (las menos), de cafés (con leche, con hielo, con hielo y baileys, solos, cortos de café...), pinchos (de tortilla, de pollo, de lomo, de jamón, de salchichón o de san jacobo; dependía de quién y dónde) y cruasanes (normales o a la plancha), de comidas (menú en la cafetería, ensaladas y "sietes" en el titanic, menú del chino, bocatoni -- rarely -- e incluso el tupper de casa calentado en el micro mugriento de la cafetería), de canciones (las de la intuición, pégate, when the stars go blue, angie...), de notas (buenas y malas, por lo general, más buenas que malas), de momentazos, de confidencias, de miradas cómplices, de mensajes de apoyo, de supersticiones (ir de verde a los exámenes, desayunar en la Mallorquina, sentarnos en clase en el mismo sitio del examen de Vallina...), de cotilleos, de maldades, de rumores (la grandísima mayoría se demostraron ser falsos, gracias a Ése), de fiestas en la JET, de F&CK, de espichas, de cenas en Gijón o en Avilés (Falta Oviedo), de borracheras, de fotos, de juntas de facultad (con o sin cuorum), de hakuna matata, de culos, de trivials, de parchises, de jueves tontos, de partidos, de tardes de biblioteca, de suerte en exámenes (que nos los pregunten en metodología), de exposiciones, de libros (algunos de ellos, los mejores que he leído en mi vida), de apuntes no entregados a tiempo para exposiciones (adrede o no), de fotologs, de blogs, de firmas famosas en blogs, de anónimos, de exámenes erasmus (cuya nota no importa una mierda, ni es significativa del nivel de inglés de cada uno, que conste), de prolegómenos del erasmus, de multicons, de raps, de collages, de reglas mnemotécnicas, de menstruaciones compaginadas, de comidas en las Jornadas de Empleo y Emprendedores (no diremos nombres muahahahaha), de streams of consciousness y de millones y millones de cosas más que, por desgracia, no recuerdo ahora mismo.

Ahora que sí me paro a pensar en ello, todos estos (buenos o no) momentos han ocurrido, en su grandísima mayoría, en este (agotador) tercer año. ¿Por qué? Porque he aprendido que en esta vida las cosas buenas se hacen esperar y vienen cuando uno menos se lo espera, por eso, cuando ya no esperaba encontrar a esos "amigos de la facultad" que se supone son para toda la vida (como en las pelis americanas, sí, esos amigos con los que te reunirás dentro de quince años, diciendo que tenemos algún kilo de más y alguna que otra cana (también pueden ser de las echadas al aire xD) y algunos incluso contando batallitas de sus retoños mientras se les cae la baba), el destino quiso que antes de que se acabara este primer ciclo esta gente aterrizara en mi vida (toda esa gente sabe quién es).

Y qué mejor manera de finalizar un ciclo que yendo de Erasmus, un año en el que están puestas todas mis
Grandes Esperanzas, y una de ellas es un gran ciclón todos juntos. No me importa si es en Dublin, en Leeds, en Sheffield, en Edinburgh, en Berlin o en Oviedo. Lo importante es que brindemos, por el inicio de un nuevo ciclo...

sábado 2 de junio de 2007

La vie en blue

Unos ven la vida de color de rosa.......
yo de azul

jueves 26 de abril de 2007

Blog nuevo, vida nueva

Cansada del fotolog, estreno friki-blog (seguramente, algunos os daréis cuenta de que su nombre habla por sí solo) .

Me doy la bienvenida, que para eso, me celebro a mí misma.