Aquí sentía el anonimato, se sentía independiente. Le gustaba levantar la cabeza y estirar el cuello para mirar aquellos edificios que tanto le fascinaban. Le encantaba el tumulto, la velocidad con la que vivía. El ajetreo, el frenesí. La falta de explicaciones. Aquí era libre.
Allí sentía la familiaridad del calor de los suyos. Le gustaba esa sensación de seguridad, de saber que fuera donde fuera saludaría a alguien conocido. La comodidad de llegar a todas a partes. La certidumbre de saber.
Allí se sentía observada y, en ocasiones, incluso se sentía demasiado grande. Mientras que aquí, a veces, le apesadumbraba el "desapego" y se veía inmensamente pequeña.
Cuando estaba aquí, no tardaba en añorar allí. Cuando estaba allí, no tardaba en querer volverse a aquí.
Y tanto aquí como allí, no dejaba de soñar en allá. Pensaba, investigaba, planificaba e, incluso, maquinaba una aventura. Se moría de ganar de ir. ¿Será que allá estaba realmente su sitio?