Song of Myself

"I celebrate myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.

I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease... observing a spear of
summer grass"
Walt Whitman

viernes, 21 de mayo de 2010

¡ay!

Volvió a sentir de nuevo ese dolor. Ahí, justo en el centro del estómago. Era como un pinchazo. No, más bien era.... como si una mano la agarrara por dentro y apretujara con tanta fuerza que se clavaba las uñas en la palma hasta que doliera. Era como si retorciera su vientre con ira...


- ¿Aquí?

- No...

- ¿Y aquí?

- Eh... nop

- ¿Seguro que no le duele aquí?

- No, como le digo, sólo aquí.

- Mmm, qué extraño.

- ¿Extraño el qué, doctor?

- Pues que es muy raro que le duela ahí, donde no tiene nada.

- Entonces si no tengo nada... ¿por qué me duele tanto, doctor?

- Porque en realidad... A usted lo que le duele es el corazón.

martes, 4 de mayo de 2010

2 palabras

Y sólo quería decirte que he conseguido lo que quería. Y, paradojas de la vida, también lo que tú querías. ¿Ves como sí se puede tener todo? Sólo es cuestión de tiempo. Yo me armé de paciencia. Esperé y luché. Tú, no.

Y así nos fue...




domingo, 2 de mayo de 2010

Inspiración

sssshgrrrr. Ruido de sábanas. Abre los ojos de repente. ¡Idea! Se reincorpora. Le ha venido la inspiración. ¿Debería tomar nota? No, mañana lo desarrolla y lo sube al Blog... Se vuelve a dormir.

Y tan rápido como vino, se fue. Ah, la inspiración...


martes, 6 de abril de 2010

...

Pros y contras.

Sí o no.

In/decisiones....

martes, 9 de marzo de 2010

Papel y tiza

La última vez que escribió un texto fue…. Fue….

Ni se acordaba…

Sí. Espera… Creo que fue el de las bailarinas blancas. En el que se daba cuenta de que se sonreía sola por la calle. ¿Estaba loca? No, el sol justificaba la felicidad.

Había vuelto el sol a la ciudad del viento, pero seguía haciendo tanto frío que le era imposible llevar las bailarinas. Tenía que esconder los pies y abrigarlos con calcetines de colores. De los gordos de lana. Y ni con esas… Seguía teniendo los pies fríos…

Así que sí. Hacía sol y, en definitiva, era un buen día. Como el día que escribió el texto de las bailarinas. ¿Por qué lo había dejado? Si en realidad le encantaba escribir… ¿Era pereza? ¿Dejadez? ¿Estrés? Sí, por un lado era todo eso. Pero no. Se engañaba a sí misma.

Lo había abandonado porque sentía pavor. Pavor de ver el vacío del papel. Pavor de volcar en él todos sus sentimientos. Porque, y he ahí la clave de esta historia, no sabía escribir más que de sí misma.

Pero no la prejuzguéis. No es una chica egocéntrica. Todo lo contrario. Incluso, debiera serlo, o al menos debería aprender a quererse más. No hacía mucho que una buena amiga, de esas que te quieren tanto que te hacen llorar, se lo había recomendado.

Y aunque ella sabía de sobra que su amiga, como casi siempre, tenía razón, no podía evitar continuar no queriéndose. No era tan fácil…

Sin embargo, esa mañana, mientras el sol le daba en la cara y el aleatorio del iTunes le regalaba Sweet Child O’Mine se decidió. Se enfrentaría a ese miedo. Al fin y al cabo ¿no era mejor recoger todos esos sentimientos en papel y que quedara constancia de ellos, en lugar de escribirlos con tiza y que los borrara el tiempo?

Una vez más, se celebraba a sí misma. Y esta vez de verdad.




jueves, 28 de mayo de 2009

De nuevo...






(re) tomo el camino...

domingo, 4 de noviembre de 2007

Settling in Dublin (I)

Hoy me he levantado, no dando un salto mortal, sino con ganas de matar (más adelante os explicaré por qué, todo a su debido tiempo). Es más, no me he levantado con ganas de matar así como así, no. Me he levantado con ganas de matar de manera lenta y dolorosa. El caso es que en un vano intento de aplacar mi ira y mis sádicas intenciones, decidí actualizar mi olvidado blog, ya que una vez pasadas casi siete semanas desde mi aterrizaje en Eire, ya es hora de un breve memorando de mis vivencias en el país de James Joyce, la Guinness y el Jameson.

Vayamos por partes:

1. La llegada

Como ya tenía constancia de que los irlandeses conducen por el otro lado[1], este incomprensible hecho no fue lo primero que llamó mi atención a mi llegada a este país. Más bien quedé (debería decir quedamos, pues Olaya comparte mi opinión) sin habla al ver que a la salida del aeropuerto, había una inmensa y civilizada cola de personas esperando pacientemente por su turno para coger un taxi. No necesito recordar a mi pequeño (aunque selecto) grupo de lectores que en España, esto es inconcebible y JAMÁS hubiera ocurrido (ni ocurrirá), sino que, siguiendo la ley de la selva, nos hubiéramos encontrado una jauría de lobos hambrientos ansiosos por cazar su presa.

Total, que ahí estábamos Olaya y yo con nuestros dos portátiles y nuestras cuatro maletas (una de 29 kg., otra de 23 y las otras dos calculamos que de unos 10-15 kg. cada una) esperando nuestro turno. Como en este país hay más taxis[2] que vehículos privados, la espera fue corta y enseguida estábamos liberadas de nuestro equipaje (que el taxista agradablemente había cargado en el maletero). Haciendo gala de un inglés perfecto dijimos “To Dublin International Hostel, please”. Peeeeeeero, ¡ay amigos! Cuando tú creías que todo iba bien, el taxista te hace una pregunta y tú con tu oído entrenado para discernir única y exclusivamente el maravilloso acento R.P., no entiendes nada. Así que, educadamente dices “Excuse me?”. La primera vez, no pasa nada, pero cuando repites (e incluso tripites) “excuse me”, “sorry” o “pardon” demasiadas veces instas al taxista a inferir: “Bien, un par de españolas estúpidas que no hablan inglés, vamos a dar un buen rodeo y cobrarles más”. Y la situación empeora aún más si el taxista se encuentra a un colega y se ponen los dos a hablar a través de su moderno pinganillo:

Taxista 1: “Hey man, the’re Spanish.”

Taxista Gordo: “Oh! Spanish! Buenous dias!”

Nosotras: “Jaja”

Taxista Gordo: “Puta!”

Nosotras: K

El caso es que, afortunadamente para nosotras, llegamos sanas y salvas a nuestro albergue en el centro de Dublín por el módico precio de 15 € (nótese que en este país los taxistas te cobran un euro extra por cada persona de más que lleves: es decir, si la carrera son 10 € y son 4 las personas que viajan te sumará tres exquisitos euros que de habértelos ahorrado te hubieran servido para pagar una double cheeseburguer y unas deliciosas twisty fries con el eurosaver de Mcdonalds).

Una vez instaladas en nuestro humilde (y temporal) alojamiento (gracias a la impagable ayuda de Belén y Alba), salimos a estrenar la noche irlandesa (yo a esto lo llamo llegar y besar el santo…). Elegimos (más bien eligieron por nosotras) como primer destino nocturno el llamado BarCode. Un sitio bastante molón al que, como casi todo en Dublín, hay que ir en taxi, pero compensa porque (muy muy muy importante) NO HAY QUE PAGAR ENTRADA. El caso es que mientras estábamos en la puerta esperando por Shane (un amigo de Belén), no parábamos de ver pasar a tías irlandesas muysuperhipermegarequetetuneadísimas (no se me ocurren más formas de expresar el superlativo) con su vestido nocheviejero, sus zapatos de tacón de 10 centímetros (o más xD), su pelo planchadísimo (en los baños puedes encontrar una plancha del pelo que puedes usar por el módico precio de 2 €), su bolso mini donde no entra ni un tampón y sin abrigo alguno, dejando lucir, pues, su piel color zanahoria podre (y encima a reparchones) fruto de varios masajes con autobronceador marca TESCO. Mientras, nosotras (no precisamente ataviadas con nuestras mejores galas) estábamos intentando asumir que no nos dejarían pasar y nos darían la vuelta por chungas. Pero no amigos, el caso es que descubrimos un sitio molón donde nos cunde la música y donde las pintas cuestan menos de 4 € hasta las 11 de la noche y, encima, repito (muy muy muy importante) NO PAGAS ENTRADA.

Lamentablemente para nosotras a las dos y media se acabó la fiesta (típico de este país, y de cualquier otro que no sea España), así que todos pa casa. Al salir del bar nos volvimos a asombrar al ver que había una larga fila de taxis esperando ser ocupados (insisto: en España, y más concretamente en Avilés, tendrías que pegarte con diez personas para coger el único taxi que habría disponible).

Pues, esto es todo amigos. Sí, he tardado dos meses en contaros la llegada a Dublín, así que me temo que para la segunda entrega (Settling in Shanowen) os tocará esperar lo suyo.



[1] Inciso: nunca sé decir si conducen por la izquierda o por la derecha, ya que aunque van por el lado izquierdo de la carretera, el conductor se sitúa en la parte derecha del coche, así que, en un alarde de etnocentrismo cultural, dejémoslo en que conducen “por el otro lado”.

[2] Nota para futuros visitantes: En este país los taxis y los autobuses se paran extendiendo el brazo de manera perpendicular a tu cuerpo, si no, os garantizo que no paran.